Nueva noche mágica en el Ramón Sánchez-Pizjuán. El estadio acogió la XV edición del Trofeo Antonio Puerta, volviendo a demostrar que, en la memoria, nadie muere, un sentimiento que late en cada partido en el feudo nervionense con ese inconfundible ruido de aplausos al alcanzar el minuto 16.
El Sevilla y el Aston Villa fueron los protagonistas sobre el césped en esta edición. Un Aston Villa dirigido, además, por un gran viejo conocido por los barrios rojiblancos como es Unai Emery, quien también recibió un sentido y merecido homenaje por parte de la afición.
Luis Garcia Plaza aposto por el siguiente XI: Fran González, Carmona, Castrín, Marcao, Julio Díaz, Agoumé, Manu Bueno, Alfon, Peque, Ejuke e Isaac
Mientras que, Unay Emery sató al campo con la siguiente alineación: Bizot, Bogarde Harwood-Bellis, Mings, Fortes, Gomes, Kamara, Hemmings, Garnacho, Buendía y Tammy Abraham
Al sonido del silbato del colegiado Craig Pawson, rodó la bola en el Ramón Sánchez-Pizjuán dando inicio a un encuentro muy equilibrado, aunque el equipo visitante pronto tomó los mandos con mayor relevancia sobre el césped. La primera ocasión clara llevó la firma de Buendía; partiendo desde el perfil derecho, el argentino se sacó un venenoso zurdazo que rozó el larguero de la portería defendida por el guardameta internacional con la Sub-21.
El Sevilla propuso una asfixiante presión hombre a hombre transformando el choque en un partido muy cerrado en el que cobró mucha importancia la línea defensiva del Aston Villa a la hora de sacar el balón desde atrás. Asimismo, pese a que los de Birmingham tuvieron más la posesión y llevaron el peso del juego, el conjunto hispalense relució por su estricto posicionamiento defensivo sobre el verde, provocando que las oportunidades visitantes no fuesen muy esclarecidas.
En la faceta ofensiva, Ejuke se erigió como el gran protagonista en el Sevilla, mostrándose eléctrico y jugando a mil revoluciones cada vez que cogía el balón. Al paso del tiempo, el Aston Villa seguía apretando y rondando el gol, teniendo una ocasión inmejorable que evitó bajo palos Fran González tras un potente tiro de Tammy Abraham.
El momento más amargo del encuentro llegó en el minuto 24. Marcão tuvo que salir del terreno de juego acompañado de los servicios médicos por lesión, dando paso a Juan Iglesias. El central brasileño, que contaba por primera vez con algunos minutos durante esta temporada después de diez largos meses de baja, volvió a encontrarse con sus fantasmas del pasado tras verse obligado a abandonar el verde por nuevas molestias físicas.
Al paso por vestuarios, Luis García Plaza movió el banquillo dando salida a Agoumé para introducir a Fofana. El Sevilla saltó al césped con un extra de intensidad. Manteniendo la misma presión asfixiante de la primera mitad, los locales lograron poner en varias tesituras comprometidas al guardameta rival a la hora de sacar el balón jugado desde atrás.
Lejos de hundirse anímicamente por el contratiempo, el conjunto local despertó. La primera gran oportunidad del Sevilla estuvo en los pies de Peque, quien intentó definir con un balón picado que acabó yéndose por encima de la portería. Conforme pasaba el tiempo, el Sevilla mostró mucho más carácter, equilibrando la balanza y pisando el área rival en varias ocasiones, pero finalmente ese dominio en el tramo final no se pudo materializar en el marcador.
Ese ímpetu no tardó en tener su recompensa en el luminoso. Corría el minuto 53 cuando Isaac Romero cazó un rechace en el interior del área tras una gran volea previa de Peque, mandando el esférico al fondo de las mallas. No había un escenario mejor para reivindicarse, demostrar su olfato goleador y hacer relucir ese dorsal número ’16’ a la espalda que anotando en este trofeo, disputado precisamente en el recuerdo del eterno Antonio Puerta.
Poco después del tanto, García Plaza volvió a mover ficha dando entrada a Mario Díaz en detrimento de Andrés Castrín. Un cambio de enorme simbolismo y de gran importancia para la entidad, ya que ambos jugadores provienen de los escalafones inferiores del Sevilla FC. Además, este movimiento supuso que Mario Díaz disputara sus primeros minutos sobre el verde de Nervión.
Tras el varapalo del gol, el Aston Villa apretó los dientes. El cuadro británico ni mucho menos quería caer derrotado en su visita a la capital hispalense y gozó de algunas oportunidades para igualar la contienda, aunque inicialmente la fortuna les fue esquiva. Buscando refrescar las piernas de su equipo ante el empuje visitante, el técnico madrileño optó por introducir a Guridi, Félix y Miguel Sierra, quienes ocuparon los puestos de Alfon, Ejuke y Manu Bueno.
Sin embargo, en el minuto 70 llegó el jarro de agua fría. Un desafortunado error del canterano Mario Díaz, al que un pase en corto le jugó una mala pasada en la salida de balón, dejó el esférico en bandeja para que Ross Barkley sin piedad la portería sevillista, firmando el 1-1. La reacción desde el banquillo rojiblanco intentó ser inmediata, buscando revertir el golpe anímico con la entrada simultánea de Cardoso, Nico Guillén, Ibra y Manuel Ángel.
A pesar de los intentos de reacción, el tramo final fue fatídico para los locales. Alrededor del minuto 80, Garnacho remató prácticamente solo en el área chica, conectando un disparo imparable para el meta sevillista que ponía en ventaja al Aston Villa, logrando darle la vuelta al choque en apenas veinte minutos. Con el Sevilla volcado, los de Birmingham aprovecharon los espacios para asestar el golpe definitivo, volviendo a perforar la red local para sentenciar el encuentro y colocar el duro 1-3 en el marcador.
De esta forma finalizaron los 90 minutos de un encuentro marcado por un significado tremendamente emotivo y especial para un club histórico como el Sevilla. En clave deportiva, el choque sirvió como un escenario perfecto en medio de este eterno parón de selecciones para que la plantilla vaya sumando rodaje, cogiendo ritmo competitivo de forma progresiva y poniendo ya la vista en su inminente e importante visita al Levante.
